Youth for Dialogue:
India, donde lo imposible se hace realidad

India, donde lo imposible se hace realidad

Un día tal que el 14 de agosto un grupo de jóvenes, ciudadanos del mundo, emprendieron su viaje a la India. Cuando despegamos aún no era del todo consciente de a dónde me dirigía. El agitado ritmo y las tantas responsabilidades de mi vida en Europa no me habían permitido prepararme adecuadamente para esta nueva aventura. Sin embargo, aunque no estuviera preparada sí que estaba era abierta. Abierta a lo nuevo, a la aventura, a la sorpresa; y no fui defraudadad.

Jóvenes provenientes de España, Portugal, Italia, Francia, Congo y Filipinas, participantes del proyecto Youth for Dialogue, fuimos recibidos con los brazos abiertos por nuestros compañeros en India. Durante la primera semana pudimos compartir con ellos nuestras inquietudes y opiniones acerca de temas tan complejos e importantes como la inclusión, el diálogo intercultural o la participación política en su país.

No obstante, no fueron solo ellos los que nos acompañaron en este viaje para conocer la India. Si algo me sorprendió fue la buena disposición de todas y cada una de las personas que nos encontramos en las diversas ciudades a responder a nuestras preguntas. Nuestra curiosidad era insaciable, pero su disponibilidad podía con ella. A veces me sentía como una intrusa, violadora de su intimidad, sacando fotos en sus casas, preguntando sobre su manera de vivir. Mientras que ellos, siempre con una sonrisa en la cara, nos abrían la puerta y respondían a todas nuestras dudas.

Si esta experiencia ha sido tan rica para nosotros es, fundamentalmente, gracias a su acogida. Cuando paseábamos por la pequeña ciudad de Honovar, nos salía solo sonreír a cada persona con la que nos cruzábamos, y jamás nos encontramos con una cara que no nos sonriese de vuelta. Yo pensaba para mis adentros, “si al entrar en un autobús en París yo sonriese a cada una de las personas que me cruzase, me tomarían por una loca”; y, sin embargo, allí era algo que nos salía natural, del corazón.

En Honovar pasamos dos semanas trabajando en los proyectos de SARPI (Society for the Advancement of the Rural People of India), en los cuales participamos a la educación de niños y mujeres. Tras esas dos semanas creo que cualquiera de estos jóvenes afirmaría que los que más aprendimos allí fuimos nosotros. Hay una lección en especial que aprendí en esos días de trabajo: Algo que parecía imposible de realizar para una persona, se hace abarcable cuando juntamos las capacidades y la voluntad de muchas. En India creamos una familia, y ese sentimiento de poder que nos dimos los unos a los otros es algo que no nos va a abandonar jamás.

Dicen que hace falta repetir algo durante 21 días para que esto se convierta en parte asimilada de tu rutina. 21 días estuvimos en India y mi esperanza es que nunca se me olvide todo lo aprendido: ser curiosa, y estar abierta a la curiosidad de los otros; pararme a observar, a disfrutar del momento y el lugar, a no tener el cuerpo en un sitio y la cabeza en otro. Y que nunca, nunca, se me olvide que poniendo lo poco que tengo a disposición de los otros, lo imposible se hace realidad.

Carmen G. López de Asiaín 

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